Un año de amor

Hace un año nacía la historia de amor entre Diego Maradona y los hinchas de Gimnasia. El astro era presentado como entrenador del primer equipo en lo que fue su primera práctica abierta en el Bosque y la hinchada tripera, confesó su amor al «10». Revivimos los momentos más destacados de aquel día.

Quizá uno de los años que pasó más rápido. Pareciera que fue ayer cuando la historia de amor entre Diego Armando Maradona y el pueblo tripero comenzaba a gestarse. Aquella tarde de septiembre en la que a puro llanto y con el recuerdo de Don Diego y Doña Tota latente a cada paso que daba el entrenador tripero pisaba el verde césped del Juan Carmelo Zerillo para dirigir su primer entrenamiento como técnico de Gimnasia y se encontraba frente a frente con la hinchada tripera.

De la mañana, hasta la tarde. Con Maradona hablando en conferencia en un hotel para toda la prensa. Gimnasia, La Plata, Argentina en sí vivió de cerca una verdadera revolución. Qué en la cancha, claro está, tuvo el color de una jornada futbolísitca más. Con más de 18 mil triperos haciéndose presente en el Bosque.

Revolución popular en el Bosque

Con la salida de Diego al campo de juego, todo se comprimió en un estallido. La emoción de Diego al reencontrarse con lo que más ama en la vida. La pelota, el césped, la gente, el «Diego, Diego», «el que no salta es un inglés» y una bandera con la frase «Pelusa cuando te sientas mal, andá dónde te quieran», con la imagen de sus padres. Nacía de este modo un amor a primera vista. Se veía las caras por primera vez el entrenador albiazul con sus dirigidos y le dejaba un claro mensaje al hincha: «Le pido encarecidamente a todos mis futbolistas, que cuándo yo los tire a la cancha se maten por toda esta gente».

Primer mano a mano con sus jugadores y la gente

 

De la práctica, sólo quedó la alegría de la gente. Las primeras charlas con Méndez y González, el dialogo con Licht, con Mariano Messera y algunas visualizaciones que hizo sobre la definición del plantel. Su sello, la contundencia en condición de visitante, el buen ojo hacia los juveniles de la reserva, la resucitaciones de futbolistas como Contín o Eric Ramírez. Todop ello vendría después, con el tiempo.

Aquella tarde dónde lloraron todos, en la que año a año continuaremos recordando dónde estábamos todos y cada uno de nosotros, cómo lo vivimos, con quién. Culminó con una conferencia de prensa en dónde la emoción le ganó el mano a mano a Diego. Dónde el que lloraba, no era Maradona. Sino Pelusa. Era un niño al que con una inconmensurable muestra de amor le devolvían lo que más lo hacía feliz en el mundo. Dónde después de tantas pálidas aparecía un nuevo amor en su vida que le decía «Acá estoy, te necesito. Nos necesitamos».

365 días después de aquella tarde, sólo una conclusión podemos sacar. Aún queda mucho por escribir en esta historia, que contractualmente tiene vínculo hasta diciembre del 2021, pero que afectivamente está preparada para durar toda la vida. Maradona le hizo bien a Gimnasia, pero Gimnasia le hizo mucho mejor a Maradona.